“Encuentro con Munch”, de Sylvia Iparraguirre

 

munch

“Durante el periplo evoca su pasado, recuerda su infancia, su niñez en la casa de su abuela en un pueblo de provincia (‘Pese a todas las comodidades de first class terminé durmiendo con la cabeza hacia un costado, al estilo tren a Junín’), y un cuadro de Edvard Munch, ‘La danza de la vida’, que la sugestiona y la perturba, en un ‘hechizo infinito’”.

Por Florencia Baez Damiano

Entre la ficción y la realidad, la narradora –la propia autora- vive un suceso extraordinario. Desdibujando los contornos del tiempo transcurrido, se sumerge en una experiencia propia, tan intransferible como reveladora.

Contada en primera persona, Sylvia recibe una invitación para amadrinar un barco en Bergen que navegará por Argentina hacia Tierra del Fuego. En un primer momento se ve motivada a aceptar porque en Oslo vive una de sus mejores amigas de la infancia –Corina-, pero durante el viaje se entera de su ausencia.

Durante el periplo evoca su pasado, recuerda su infancia, su niñez en la casa de su abuela en un pueblo de provincia (“Pese a todas las comodidades de first class terminé durmiendo con la cabeza hacia un costado, al estilo tren a Junín”), y un cuadro de Edvard Munch, “La danza de la vida”, que la sugestiona y la perturba, en un “hechizo infinito”.

En Noruega, visita museos y conoce los cuadros originales del pintor que la desvela. Y la resonancia de una frase que leyó en el diario del artista marcará su epifanía: “He decidido convertirme en pintor”.

La vida desaforada que emprende Munch, autodestructiva, miserable y alcohólica, marcada por las muertes de su madre y de su hermana, no sabotean, sin embargo, una voluntad de hierro y de “ser lo que era hasta el final”.

“Munch había persistido en su ser sin flaquear ni torcerse, y, como una flecha, se había disparado hacia el futuro”, relata la protagonista.

El lector se pierde en las descripciones del paisaje, de los sentimientos, hasta que –casi sin darse cuenta- lo primordial deja de ser amadrinar la imponente embarcación, y adquiere valor la figura de Munch y el encuentro clave de la protagonista con la obra del pintor. Así la apertura a lo inesperado hilvana finalmente un significado total: ser uno mismo, pese a todas las contrariedades.

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