“El espectáculo del tiempo”, de Juan José Becerra

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“La novela es desafiante desde el título: espectáculo y tiempo son palabras que, en principio, parecen no ir por el mismo andarivel.”

Por Franco Ruiz

“El espectáculo del tiempo” (Seix Barral, 2015), del escritor juninense radicado en La Plata Juan José Becerra, es una novela radical (escrita “a lo bestia”, como confesó el propio autor en la presentación del libro en Junín, en 2015).

Es una obra polifónica -con las voces querellantes de toda trayectoria autobiográfica-, y de complejas e inquietantes tensiones, que el autor busca en los pliegues de una ciudad del interior bonaerense. Becerra se presenta así como un continuador de esa otra gran novela escrita por un coterráneo suyo, “Nanina”, de Germán García, que fue prohibida en 1968.

Bajo la impiadosa cinética del devenir histórico, “El espectáculo…” aborda sin ornamentos temas tan cruciales como atávicos, la vida y la muerte, las angustias y las alegrías, el amor y el sexo, la euforia y el vacío existencial.

Con todo, la literatura de Becerra (el espectáculo) encarna un modo de resistencia frente a las ficciones y la alienación de la vida cotidiana.

El desafío se plantea desde el mismo título de la novela, pues espectáculo y tiempo son palabras que, en principio, parecerían no ir por el mismo andarivel. Dicho de otro modo, ¿es posible sustraerse al tiempo? ¿De qué manera se puede ser un mero espectador del tiempo? En esa dialéctica gira la obra (donde el padre es un personaje central), que deja, sin embargo, un resquicio de libertad: vivir cada instante como si fuese eterno.

Algunos pasajes escogidos

  • Mi padre hizo una de esas pausas que solo son posibles en la ruta y duran un pensamiento completo, y cambió de tema: “Vos no seas como yo”.
  • Era un cuerpo común con zonas prodigiosas (joyas sobre un paño).
  • Pasaron diez minutos en los que, mientras la masajeaba copiando las técnicas milenarias que vulgarizan los programas televisivos de servicios llamados infomerciales -en los que por primera vez las pantallas reconocían que el comercio es la base de la información.
  • Era su tercer casamiento, sin dudas, el verdadero, el del deseo personal y la restauración biográfica.
  • El placer comenzó a hacerse presente al tiempo que el amor se iba.
  • Se pasó una tarde resucitándola en fotos, algo que también acotumbraba a hacer cuando estaba viva.
  • No hay biografía sin muerte.
  • Yo ya no soportaba la eterna convalecencia del final del amor que nos convertía en pacientes y médicos al mismo tiempo.
  • Un hombre con todo el tiempo del mundo, una especie de estanciero del tiempo.
  • Las cholas podían vivir el hoy como si la eternidad durase un solo instante (…) cada instante vivido era eterno.
  • La memoria es un arte biológico.

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